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Autor Tema: Cuento colaborativo  (Leído 65032 veces)
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natachallm
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« Respuesta #195 en: 21 de Septiembre de 2011, 23:04 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre, pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes ...
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« Respuesta #196 en: 23 de Septiembre de 2011, 18:06 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre, pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño...
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« Respuesta #197 en: 24 de Septiembre de 2011, 09:43 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre, pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba...
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« Respuesta #198 en: 25 de Septiembre de 2011, 10:53 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre, pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente...
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« Respuesta #199 en: 25 de Septiembre de 2011, 13:12 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

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« Respuesta #200 en: 25 de Septiembre de 2011, 13:28 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

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« Respuesta #201 en: 25 de Septiembre de 2011, 17:20 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

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« Respuesta #202 en: 27 de Septiembre de 2011, 09:51 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

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« Respuesta #203 en: 27 de Septiembre de 2011, 19:59 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

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Amanda gritó desesperadamente al ver ese...
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« Respuesta #204 en: 28 de Septiembre de 2011, 22:37 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
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 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
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 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

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 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

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Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible ...
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« Respuesta #205 en: 29 de Septiembre de 2011, 19:20 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

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 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul...
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« Respuesta #206 en: 29 de Septiembre de 2011, 22:25 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo...
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natachallm
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« Respuesta #207 en: 30 de Septiembre de 2011, 20:43 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de ...
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Lennox
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« Respuesta #208 en: 01 de Octubre de 2011, 17:49 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo ...
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Oloman
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« Respuesta #209 en: 02 de Octubre de 2011, 13:32 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo...
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