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Autor Tema: Cuento colaborativo  (Leído 65031 veces)
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Triana
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« Respuesta #210 en: 02 de Octubre de 2011, 13:42 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo.
El hedor...
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natachallm
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« Respuesta #211 en: 02 de Octubre de 2011, 14:38 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo.
El hedor impedía permanecer ...
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Triana
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« Respuesta #212 en: 02 de Octubre de 2011, 15:03 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo.
El hedor impedía permanecer impasible ante...
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natachallm
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« Respuesta #213 en: 05 de Octubre de 2011, 00:00 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo.
El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia ...
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« Respuesta #214 en: 05 de Octubre de 2011, 19:48 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo.
El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
- !!!Tengo que ...
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« Respuesta #215 en: 05 de Octubre de 2011, 20:04 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo.
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- !!!Tengo que evitar que...



Iba a poner vomitar  Sonreir, pero Amanda es una chica dura  Giñar
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« Respuesta #216 en: 05 de Octubre de 2011, 20:56 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
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« Respuesta #217 en: 11 de Octubre de 2011, 14:31 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

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« Respuesta #218 en: 19 de Octubre de 2011, 11:55 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
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« Respuesta #219 en: 21 de Octubre de 2011, 22:41 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
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Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
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 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
- ¡Tengo que evitar que vea el tatuaje de dragón que llevas!

Instintivamente rodeó...
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natachallm
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« Respuesta #221 en: 29 de Octubre de 2011, 04:16 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
- ¡Tengo que evitar que vea el tatuaje de dragón que llevas!

Instintivamente rodeó el foso ...
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troPEZon
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« Respuesta #222 en: 30 de Octubre de 2011, 22:56 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
- ¡Tengo que evitar que vea el tatuaje de dragón que llevas!

Instintivamente rodeó el foso sin pensar ...
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natachallm
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« Respuesta #223 en: 02 de Noviembre de 2011, 22:01 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
- ¡Tengo que evitar que vea el tatuaje de dragón que llevas!

Instintivamente rodeó el foso sin pensar en el...
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Triana
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« Respuesta #224 en: 05 de Noviembre de 2011, 10:28 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
- ¡Tengo que evitar que vea el tatuaje de dragón que llevas!

Instintivamente rodeó el foso sin pensar en el resbaladizo suelo...
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