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Autor Tema: Cuento colaborativo  (Leído 65185 veces)
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troPEZon
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« Respuesta #225 en: 19 de Noviembre de 2011, 22:35 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
- ¡Tengo que evitar que vea el tatuaje de dragón que llevas!

Instintivamente rodeó el foso sin pensar en el resbaladizo suelo, la mano...
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May
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« Respuesta #226 en: 20 de Noviembre de 2011, 03:22 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
- ¡Tengo que evitar que vea el tatuaje de dragón que llevas!

Instintivamente rodeó el foso sin pensar en el resbaladizo suelo, la mano se deslizaba
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Triana
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« Respuesta #227 en: 27 de Noviembre de 2011, 16:30 »

Un inciso:
¿Y si en lugar de dos palabras podemos poner cuatro palabritas?  Girar ojos

Todos los que estén de acuerdo que no digan nada, salvo que quieran aplaudir la idea.  Sonreir

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May
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« Respuesta #228 en: 29 de Noviembre de 2011, 01:47 »



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Carito
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« Respuesta #229 en: 29 de Noviembre de 2011, 22:58 »


 Giñar
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troPEZon
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« Respuesta #230 en: 29 de Noviembre de 2011, 23:00 »

Pues hala....


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Oloman
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Gracias por no llenar mi buzón pidiendo pistas


WWW
« Respuesta #231 en: 30 de Noviembre de 2011, 18:55 »

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  Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. A. Einstein.
Triana
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« Respuesta #232 en: 01 de Diciembre de 2011, 16:27 »

1113 usuarios registrados.

Uno propone.
Tres aplauden.
1108 guardan silencio, osease, están de acuerdo.
Y uno que no se sabe que es lo que dice.   Girar ojos

Así que la cosa queda, masmenos, 1112 de acuerdo con cuatro palabritas y uno que nosesabe.

Con lo cual, queda aprobado por unanimidad lo de las cuatro palabritas.  Sonreir




Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
- ¡Tengo que evitar que vea el tatuaje de dragón que llevas!

Instintivamente rodeó el foso sin pensar en el resbaladizo suelo, la mano se deslizaba, sus pies patinaron y...
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troPEZon
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« Respuesta #233 en: 02 de Diciembre de 2011, 01:56 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
- ¡Tengo que evitar que vea el tatuaje de dragón que llevas!

Instintivamente rodeó el foso sin pensar en el resbaladizo suelo, la mano se deslizaba, sus pies patinaron y cayó justo encima de...
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Lennox
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« Respuesta #234 en: 04 de Diciembre de 2011, 00:03 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
- ¡Tengo que evitar que vea el tatuaje de dragón que llevas!

Instintivamente rodeó el foso sin pensar en el resbaladizo suelo, la mano se deslizaba, sus pies patinaron y cayó justo encima de lo que todos buscaban ...
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Triana
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« Respuesta #235 en: 04 de Diciembre de 2011, 14:19 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
- ¡Tengo que evitar que vea el tatuaje de dragón que llevas!

Instintivamente rodeó el foso sin pensar en el resbaladizo suelo, la mano se deslizaba, sus pies patinaron y cayó justo encima de lo que todos buscaban, alargó la mano para...
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HelenaUkusa
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« Respuesta #236 en: 05 de Diciembre de 2011, 17:48 »

evitar caerse y ocultarlo
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HelenaUkusa
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« Respuesta #237 en: 13 de Diciembre de 2011, 23:56 »

Hola:

   ¿Nadie escribe o es que se ha acabado el cuento? No es que no me guste, es que no he tenido tiempo de leerlo. Bueno, mandarme mp.

    Indeciso  Avergonzado Giñar
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troPEZon
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« Respuesta #238 en: 14 de Diciembre de 2011, 20:56 »

Estamos un poco vaguetes, pero ahi va, a ver si lo publicamos de una vez, HelenaUkusa añado tu aportación pero puedes hacerlo tu misma


Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
- ¡Tengo que evitar que vea el tatuaje de dragón que llevas!

Instintivamente rodeó el foso sin pensar en el resbaladizo suelo, la mano se deslizaba, sus pies patinaron y cayó justo encima de lo que todos buscaban, alargó la mano para evitar caerse y ocultarlo pero todos vieron...
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May
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« Respuesta #239 en: 23 de Diciembre de 2011, 01:57 »

Una brillante luz apareció en lo alto de la cueva, cuando Mortimer irrumpió precipitadamente tropezando con una enorme piedra calcárea que lo hizo caer arrastrando consigo a Baltimor.

-¿Qué pasó?
-No estoy bien, algo se mueve tras esos toneles. !Cuidado! - Gritó Baltimor.

Súbitamente, una forma desconocida y maloliente apareció arrastrándose hacia ellos, sus ojos resplandecían en la oscuridad, buscaban un cigarrillo. Su organismo no aguantaba esa atmósfera contaminada y húmeda, pero el deseo le empujaba a seguir desprendiéndose de la membrana que lo protegía del resto del hostil ambiente que lo amenazaba.

Mortimer miraba temerosamente; quería desaparecer, pero algo le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad por tocar esa criatura y descubrir el origen.

CAPITULO II

Miraba Venecia mientras se tomaba un cremoso cappuccino y esperaba la góndola. Sus pensamientos le hicieron comprender que jamás podría retomar su antigua pasión por aquella cueva.

 - ¿Doctor Liendre?
 - ¡Amanda!
 - ¿Vos acá?
 - No podía abandonarle sin revelar el carrete antes de que la policía descubriera el cuerpo sin vida de Baltimor.
 - ¡Dame detalles!

Los interrumpió el sonido del reloj. Dell’Orologio marcaba las nueve de la mañana. Apresuradamente Amanda le insistió:

 - ¿Como murió?
 - Como un patriota. La espada Schiavonna le atravesó el corazón. No tuvo tiempo de abrir el pequeño cofre que guardaba el elíxir de juventud.
 - Samael... supongo.
 - Sí, aunque posiblemente alguien más le ayudara.
 - ¿La criatura?
 - Lo dudo, demasiado riesgo.
 - ¿Entonces quién?
 - Estamos investigando. Mortimer conoce a los que intentaron asaltar el Palacio Ducal, pero no consiguió localizarlos.
 - Hay que encontrarlos rápidamente.
 - En Murano apareció algo que puede ser la respuesta, justo en el taller de cristal de Seguso.

Ambos callaron, ir era imposible.
 - ¡La criatura! Debemos dar con la entrada de nuevo.

La primera vez que Baltimor murió quedó encerrado. Fue difícil liberarlo porque adolecía, milagrosamente para él, de una invisibilidad absoluta. También carecía de ingenio suficiente como para prever las consecuencias de invadir el hábitat de experimentación. Como vampiro difícilmente podía enamorar a nadie que no estuviera infectado con  la membrana de la cueva.

CAPÍTULO III

La mañana no parecía diferente a otras. Amanda y Mortimer hablaban como siempre pero algo esta vez les hizo advertir la presencia de demasiados signos inquietantes. Aquel niño se acercaba mirándolos fijamente, como si los conociera.

Amanda gritó desesperadamente al ver ese inconfundible puñal azul tatuado justo encima de su ojo izquierdo. El hedor impedía permanecer impasible ante su presencia.
- ¡Tengo que evitar que vea el tatuaje de dragón que llevas!

Instintivamente rodeó el foso sin pensar en el resbaladizo suelo, la mano se deslizaba, sus pies patinaron y cayó justo encima de lo que todos buscaban, alargó la mano para evitar caerse y ocultarlo pero todos vieron el pequeño baúl azulado

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